Sí, nos hemos seguido riendo pero también hemos pasando mucha vergüenza ajena, porque hay momentos que el patetismo que se gastan estos machitos descolocados y mentirosos patológicos es de esconderse debajo del sofá y ver la serie entre los dedos de un facepalm continuo.
Pero también hemos aprendido a querer a estos personajes y deseamos que les vaya bien, por eso ese final nihilista en los que los cuatro acaban a la deriva sentimental deja un regusto amargo.