Yo les decía a mis compañeros que sin embargo Dante solo odiaba a los animales, con las personas era un amor, fácil para enamorar incluso. Jamás había mordido a una persona y las veces que parece que quiere atacar a alguien claramente solo está jugando, nunca se enfrentó a una situación en la que tenga que atacar a una persona, aunque no comía la comida de cualquier persona fácilmente, era bastante gustoso con la comida si se la daba mi familia, sin embargo, conmigo siempre aceptaba lo que sea.
En esos días me percaté que cuando salimos a caminar, como solíamos hacerlo por las noches en el pueblo, atacó a un perro muy valiente que se acercó a nosotros demasiado, pero pude ver en cámara lenta que Dante lo mordió muy bien por la parte de la espalda y sin embargo no quiso hacerle más daño, solo fue un susto para ese valiente chucho.
Yo, muy confiado del aprendizaje y de mi mano firme que pocas veces me fallaba a no ser que yo le dejara cuerda floja a Dante, les dije a mis compañeros: Mi perro jamás le haría daño a nada, estoy seguro que ni a mí me haría algo, ya que no conoce la violencia al punto de amar la muerte, ahora que lo digo, nunca me botó o consiguió ponerme en una situación de riesgo, al contrario, parecía que éramos los 2 muy perspicaces como para facilitarnos las cosas y defendernos el uno al otro de peligros que a veces no entendíamos.
