La humanidad suele mirar al cielo nocturno sintiéndose pequeña ante la inmensidad del espacio. Mirar las luces del cosmos provoca una sensación de separación, como si el universo fuera un escenario lejano y nosotros simples espectadores metidos en un planeta de roca. La física demuestra todo lo contrario. Cada uno de los átomos que componen tus ojos, tus manos y tu corazón nació en el corazón incandescente de estrellas gigantes que explotaron hace miles de millones de años. No estamos separados del cosmos, somos una parte directa de él. La verdadera sorpresa ocurre cuando nos damos cuenta de que el universo pasó de ser una nube de gas caliente a convertirse en criaturas vivas con la capacidad de pensar, sentir y razonar. Cuando un astrónomo apunta un telescopio hacia las galaxias lejanas, es en realidad el propio cosmos utilizando sus propios ojos y su propio cerebro para comprender su propio origen. Somos la materia del mundo que cobró vida para mirarse al espejo y descifrar sus propias leyes.
— Aetherius Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso.
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