Igual que una pareja en sus 30, en ropa deportiva y tapabocas en el cuello, también muy limpios, pasando por el barrio advirtiendo que tengamos cuidado porque parece que se está metiendo la primera línea y debemos llamar a la policía.
Yo la miro recostado en el baúl del carro, aún cubierto de polvo y sudor después de ir a volear escombro en Roldanillo.
Procedemos a ignorarla educadamente.
Mi vecina, caleña estándar, pregunta qué dijo y procede a ignorarla.