Los esfuerzos van en la línea de que parezcamos normales, lo más normales posible. Tanto que, cuando pidamos algo por nuestro autismo nos digan: "Pero si no pareces autista, seguro que no lo necesitas".
Me recuerda a cómo durante bastante tiempo, la directiva a muchos padres de niños sordos era no enseñarles lengua de signos para forzarles a comunicarse con oyentes a partir de la lectura de labios y la imitación. Así se limitaba su capacidad comunicativa y se les exigía un esfuerzo brutal, pero claro, los demás no tenían que hacer nada.
Ahí está la clave. En que nosotros obviemos lo que somos para que el resto no tenga que hacer nada